Cartas para N.
Que nunca falte quien te escriba. Y siempre haya alguien que te lea. Letras de papel para ella,

mi querida N.

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Bea C. 21 años. Pez en tierra. Pienso lo que escribo, y escribo lo que siento. Disfruto capturando momentos. Expreso sin voz para no quedarme sin ella. Abrazo continuamente sin motivo, y me ilusiono más de lo que debería.
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lunes, 30 de noviembre de 2015
Carta nº14
Querida N:

Te echo tanto de menos como echo de más al resto de voces que escucho a diario. Hay demasiada gente que habla por nada, y nos hacen sentir muy pequeños. No comprendo por qué mienten. O por qué prometen lo que no cumplen. ¿Es que ya han olvidado lo que es hablar, sintiendo? ¿O ya no tienen corazón que les haga sentir?

Que el lenguaje no debería significar herida,
y cada vez apretamos más fuerte.

Presté mis brazos, y hasta la sonrisa a quien no sabía devolverla. Y ahora me siento una tonta. Una demasiado buena. O quizás solo una inconformista que siempre tacha más de lo que escribe.
En realidad solo soy alguien
que persigue lo inesperado,
tropezándose con lo real.

Hoy me echo de menos tanto como me necesito. Y tengo frío. Y tengo miedo. Y cuánto no tengo, porque no te tengo conmigo. Tu voz era paz. Esa paz que es siempre destino, por muy lejos que se encuentre.

Esta tarde apelo a mi libertad de expresión, y elijo voto de silencio. Silencio para no escuchar más palabras vacías. Y voto en silencio por que estas desaparezcan. Tráelas convertidas en música, para que marque un nuevo ritmo en esta era. O no será más de lo que es:

Un mundo deshonesto,
sin cabida para los humanos.

Bea C.

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viernes, 6 de noviembre de 2015
Carta nº13

Querida N:

Hay algo bueno en tenerte tan lejos, y es la sorpresa que me darás el día que te tenga muy cerca. Desde el primer instante en que nos vimos tuviste claro cómo sorprenderme. Parece que nacieras conociéndome, y tu primer regalo fue dejar que yo te conociera.
Ahora
me sorprendo queriéndote a kilómetros,
lo que entonces te quería
cuando solo existías en persona.

Nunca pensé en convertirme en tu amiga, y por eso precisamente llegué a serlo. Con la experiencia he comprendido que las cosas importantes no se planifican, surgen sin más, y que de pensarlas en exceso terminan por romperse.
Por eso no me detengo en los motivos.
Por eso digo solo que te quiero,
porque al final es lo único que importa,
y es lo primero que debemos decir.

Que la vida es una cometa de la que solo tirar cuando se enrede, y cada persona un sinfín de momentos esperando suceder. Y yo quiero suceder siempre a tu lado, para tirar de ti cuando te sientas cobarde. Y créeme,
que si algún día volamos bajito,
será para vernos más grandes.

No me despido sin antes pedirte una cosa: asegúrate de sorprenderte cada mañana como sabías entonces hacer conmigo. Te necesito despierta para seguir conquistando sueños.
(Te sugiero que hagas como yo,
que soy de las que no saben cómo son,
y tampoco desean descubrirlo.
Así no hay día
que no me sorprenda de mí misma).

Y, por favor, jamás te pongas etiquetas:
te defines como única porque prescindes de adjetivos.

Bea C.

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domingo, 1 de noviembre de 2015
Carta nº12

Querida N:

Estarás de acuerdo en que pasamos los días corriendo de un lado a otro. Todo lo hacemos deprisa para no perdernos la vida. Y terminamos perdiéndonos a nosotros.
Por eso te escribo hoy, porque es el día en que me reencuentro conmigo misma, y me doy una nueva oportunidad.
Los domingos están hechos para respirar más profundo. Sin prisas. Tomando todo el oxígeno que podamos, y espirando a la velocidad de un tequiero.
Si lo piensas bien, todo en la vida es cuestión de ritmo. Y vivimos sin conocer los compases.

El frío hace que añore especialmente el café de tus manos. Las mías no lo preparan igual, aunque te escriben con todo el cariño que pueden.
Los días parecen estar cediendo ante el viento, y caen con las hojas sin oponer resistencia. El calor se ha tornado en frío, y nos sonrojamos más que de costumbre. Ha llegado esa época en que caminamos sin levantar cabeza, con las manos ocultas en los bolsillos. Así perdemos tantas oportunidades. Mirar al frente no resulta tan fácil cuando ya no vestimos con gafas de sol.

Los domingos son para los valientes. Para los que no temen desafiar a la soledad encontrándose consigo mismos. Para los que saben desconectar del mundo para poder comprenderlo mejor.
Muchos saldrán a correr como un día cualquiera, pero la mayoría los pasamos soñando. Algunos pocos escribiendo, que en verdad es lo mismo. Yo los paso escribiendo sobre sueños que no sé redactar. Quizás por eso no se cumplan, porque no es fácil comprenderlos.
Hoy te escribo con mejor letra, con la esperanza de que noviembre traiga nuevas respuestas.

PD: domingo, 1 de noviembre, y créeme que de lo único que tengo miedo, es de perder la ilusión por soñar. 

Bea C.

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sábado, 24 de octubre de 2015
Carta nº11

Querida N:

Sé que no me olvidas como yo tampoco puedo olvidarte. Pero temo que ya no oigas mi voz cuando lees estas cartas. Te dejo unas líneas para que me encuentres en ellas:

Soy como lo son las noches en vela. Así de compleja.
Soy de esas personas que aman aunque no quieran, y se encaprichan de cualquier sonrisa que le haga cosquillas por dentro.
Alguien que también soñaba con convertirse en princesa, pero que ahora se prefiere sintiéndose humana. Soy de las pocas que miran la aguja cuando le extraen sangre, y vive cada instante con el corazón a mil por hora; que le tiemblan las manos cuando le faltan las fuerzas, y se rinde a los hombros de quien le ofrezca su espalda.
Soy de las que hacen de la noche su mejor escondite, y comentan en bajito las cosas importantes. Alguien que se pone nerviosa cuando hablan de ella, y se sonroja tímidamente por cualquier cumplido que oiga; que busca a quien observe con el corazón y no juzgue, y sepa que un abrazo consuela más que dos besos. Viste con camisas hasta la cintura, y prefiere el pitillo al vaquero de campana. Siempre la verás corriendo a todas partes, para no llegar pronto a nada. En sus ratos libres ríe tanto como llora, y entabla mil batallas que solo rinde por amor.
Soy de las que se entrega a las noches de verano sin estar borracha, y que solo se acuesta con sueños que no desean tocarla. Cuenta en kilómetros los pasos que aún no ha dado, y rehuye de todo espejo que no la refleje como es. Confunde lunes con martes, y los viernes con sábados. Reserva los domingos a la soledad de sus libros, y al calor de una manta, y desea tanto al sol por su ventana como al gris de sus cortinas.
Soy alguien que observa la vida con la ilusión de un niño, y muere lentamente en cada infinito que no le regalan. Alguien que esconde bajo la almohada sus mejores sueños, y espera impaciente a poder recoger su premio.
Soy mujer de nadie, pero amante de todo lo que el amor construye. Soy la vela que me mantiene despierta, y quiere soplar para pedir un deseo.

Bea C.

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sábado, 17 de octubre de 2015
Carta nº10

Querida N:

No sé si te habrás fijado alguna vez, pero el sentido de la vida puede leerse en cualquier esquina. En la tienda de comestibles, en la piscina municipal, o bien en el taller de mecánica. Cualquier punto es bueno para ser convertido en coma.

Cada uno de nosotros somos un escaparate esperando a que alguien se decida a entrar. Y una vez dentro es cuando regateamos el precio. ¿Merece la pena, o cuesta más de lo que va a hacerme ganar?

Vivimos para encontrar nuestro sitio. No hay más. Buscamos mostrar quienes somos con todo aquel que nos deje ser. Cuando damos un abrazo no hacemos más que abrazarnos a nosotros mismos; con tanta fuerza como sea necesaria para no doblarnos; con tanto cariño como prescindamos para no perdernos. Solo necesitamos a quien nos recuerde cómo recuperar la firmeza, el día que puedan más nuestros miedos, que las ganas.

Decimos no querer a algunas personas. En realidad solo odiamos a quienes somos cuando estamos con ellas. Hay versiones nuestras que no merecen ser recicladas. Por cada persona que saca lo peor de nosotros, ojala contrarrestar sacando lo mejor que tenemos.

Nos encontramos cuando nos reflejamos en cuerpos ajenos. Eso pienso. Así por muy tarde que lleguemos a todo, ellos siempre guardarán nuestro sitio a su lado.

Creo en toda amistad que solo se enfrente ante retos; luchas que no destruyen merecen ser combatidas todas. Solo así es posible crecer.
A nosotras siempre nos gustaron los retos difíciles. Quizás por eso ahora nos encontremos tan separadas, aunque nunca alejadas la una de la otra.

Con lo maniática que soy para todo, disfruto de mi desorden organizado en temas de azar. Suerte es dejar que la vida te sorprenda cuando te encuentras desnuda. Por ejemplo ese día que llamaste a mi puerta y yo no dudé en dejarte pasar. Desde entonces somos una en cualquier lugar del planeta. Aunque no puedas verme estoy allí contigo. Aunque no pueda verte estás aquí conmigo. Uña y carne no pueden separarse. Y nosotras estamos unidas por las dos manos.

Te confiaré un secreto, pero no se lo cuentes a nadie:
Me encanta la gente que sabe hacer magia, sin trucos.
Y esa magia de hacernos brillar, es mi favorita.

Bea C.

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viernes, 16 de octubre de 2015
Carta nº9

Querida N:

Recibes mis cartas de semana en semana aunque todos los días me acuerde de ti. La universidad apenas me deja tiempo para mí, más allá del que paso entre libros. Y sabes que me encanta leer, pero siempre que yo haya elegido las páginas.
Te lo digo en confianza, pero desearía abrir mi ventana al mundo, y convertirme en su lectura favorita por una vez. Porque me paso los días leyendo entre miradas, sin que nadie sepa interpretar las mías.

Estudio para llegar el día de mañana a ser quien quiero. El problema es que he olvidado quién quiero ser el día de hoy. Deseo ser alguien que me haga feliz. Y aunque puede que pida mucho, tampoco me conformo con menos. Y ya ni recuerdo cómo hacerme reír.

Los estudios deben ser lo primero, pero y qué si te pierdes en promesas de ese futuro. Soy chica de letras porque soy de cuanto veo y siento. Y el mañana no puedo tocarlo. Pero sí está en mis manos no renunciar al ahora.

Últimamente vivo en un silencio monótono, para dormir, para estudiar, para...
Pero por mucho que grite que pare, la vida sigue sin escucharme.
Solo me ofrece silencios
cuando es ruido lo que necesito
para bailar sin oír sus golpes.

Toda vida precisa de música que la haga vibrar.
Todavía sigo esperando escucharla.

Bea C.

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viernes, 9 de octubre de 2015
Carta nº8

Querida N:

Nos detenemos tanto a narrar lo malo que apenas tenemos tiempo para contar lo bueno. Y qué triste es esto.
Olvidamos también recordar cuánto queremos a quien de verdad nos importa. Y de hacerlo siempre será insuficiente. Algunos excesos no son tan malos, digan lo que digan.  

Por eso hoy te lo quiero decir de nuevo, porque aunque ya no cuentes las veces, siguen importando como el primer día. Te quiero, amiga. Mi bastón y mi escudo, esa eres tú. Hoy lo grito al cielo, para que allí donde estés lo escuches. Si lo piensas bien, seguimos bajo el mismo techo.

Eras mis sorpresa diaria. Recuerdo cada globo que decoraba mis fiestas de cumpleaños, y cuánto odiabas tener que inflarlos. Pero yo disfrutaba como una chiquilla convirtiéndose en mariposa. Cuántos momentos me regalaste. Y cuánto disfrutaba desenvolviendo.
Mi felicidad era la tuya, y la tuya era la mía. Porque nosotras éramos para la otra. Y amistades como la nuestra no han de conocer final, porque nunca tuvieron principio. Haz memoria: ¿desde cuándo nos conocemos? Desde siempre. Y siempre es la palabra que mejor nos define, siempre. 

Esta semana me he sentido como uno de esos globos de fiesta, pero sin tener cerca tus brazos para hacerme volar. Síntomas: presión acumulada, y falta de oxígeno. Aunque me diagnosticaron carencia de todo, y ausencia de mucho.
Te escribo para informarte de que por fin he explotado. Al fin hoy respiro. Las peores prisiones no son de cemento.

PD: Espero ansiosa a que me sorprendas de nuevo. No imagino mayor sorpresa que tenerte de vuelta. 

Bea C.

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domingo, 4 de octubre de 2015
Carta nº7

Querida N:

Me acabo de levantar y las 12:00 me parece una hora perfecta para escribirte. Aunque todas lo sean. Hoy las sábanas me atraparon más que de costumbre. Sucede que mi cama no entiende de amaneceres. Y el tiempo en ella pasa a deshora.

Mis vecinos están de reforma en casa. Me recuerdan que yo también tendría que hacerla. De arriba a abajo. O de abajo a arriba. Toda entera. Y varias veces. Hasta quedarme como nueva. Quiero dejar atrás el pasado, y abrir nuevas puertas.

Escuché que han contratado mano de obra barata. Barato es pagar en sonrisas, y casi nunca lo hacemos. Pero cuánto hacemos que no deberíamos. Y así estamos ahora, con la vida tras nosotros cobrándonos la existencia.

Vivir suena tan bien, que apenas cantamos para no estropearla. Y tan apenas lo hacemos todo, que no disfrutamos de nada. Y solo contamos las penas.
Ay de la vida si en lugar de buscarla, la hiciéramos. Hacer la vida, como hacer el amor. Con placer. Siendo fiel a nuestros deseos.

Imagina por un momento: Una carretera y un coche. Nosotras frente al volante. Crear confusión a las señales. Confundir los colores: pasar en rojo. Subir la radio. Bajar la ventanilla: música en los pulmones. Mirar sin perspectiva. Pisar las rayas en blanco. Huir de lo oscuro a todo gas. Una vida sin puntos, ni comas. Una frase sin peros... pero no.
Quisimos ser carne de acentos,
en una canción sin letra.
"Imagina; pero no hagas"; así se llama.

Me pregunto por qué algunos días no nos permitimos sentir ilusión por nada. Como si ilusionarnos fuera un premio que solo merecemos ganar a veces. Como si fuera más opción que deber.

Curioso papel el del ser humano. Decimos no temer a la oscuridad, pero seguimos encendiendo la luz para alejar los monstruos. Y sonreímos al comprobar que no hay ninguno. Y no sé qué es peor de todo eso; creer ver estando ciegos, o descubrir que estamos solos.

La vida ofreciendo segundos, y nosotros contando en años.

PD: Contigo siempre sobraron pintores. Nunca se borró mi sonrisa. Y la ilusión tampoco.

Bea C.

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domingo, 27 de septiembre de 2015
Carta nº6

Querida N:

Hoy me he propuesto ser yo quien sonría al día. Todo lo miro con optimismo, de cerca, y de lejos.

Y hablando de lejos, ¿sabes lo que he pensado? La distancia solo existe para quien no está dispuesto a acortarla. Ni entiende de metros cuando los suplen palabras. Quizás nunca hemos estado tan cerca. Ahora te tengo presente más que nunca. Y este presente es un regalo, que solo quiero compartir contigo.

Estás en cada acto cotidiano. Cuando como solo me pregunto cuándo lo harás tú, o dónde, o qué, o cómo. En el cine te observo en cada escena. Y cenamos juntas donde no nos conocen por separado.

Sé lo despistada que eres. Y por eso hoy te escribo con tanta prisa. Porque avisándote con tiempo ya solías olvidar los jerseys que te prestaba, y las copas que me debías. Te escribo para recordarte que lleves siempre contigo las cosas importantes. Sin sonrisa no abrirás muchas puertas.
Dicen que hay que saber ponerse serios. Pero hay lecciones que no merecen ser escuchadas. Te lo digo yo que estudio para maestra.

PD: Guarda en casa toda inseguridad. Y haz limpieza siete días por semana. 

Bea C.

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jueves, 24 de septiembre de 2015
Carta nº5

Querida N:

Estos últimos días me han traído viejos recuerdos y eso que prometí dar prioridad a todos los nuevos. Eso no significa que te olvide, jamás podría, pero así me siento menos sola. Compréndelo.

Llevo unos días recorriendo de punta a punta cada tienda del barrio. Busco de todo y a la vez de nada. Quiero un diciembre bien abrigada, y un enero sin resfriados. Ente invierno me he propuesto pasar calor, aunque deba ser con ropa nueva.

He descubierto que más que a ti echo de menos a ti conmigo. Esa es la parte que más me duele saber tan lejos. Toda ella se ha marchado contigo, y no sé cuándo obtendrá billete de vuelta.

En este tiempo he comprobado cómo son las cosas corrientes del pasado las que echamos más de menos al perderlas. Cuánto echo de menos, por ejemplo, ir juntas por las tiendas. Recorrer los pasillos aún más desordenados a nuestro paso. Sorprendernos por tan mal gusto de tanta prenda. Acompañar mi risa con la tuya al acabar en probadores. Probar nuestra timidez al compartir cortina. Mirarnos, reconocernos y ponernos a prueba. La confianza nos hizo perder la vergüenza. Aunque nunca nos hizo perder el cariño. De todas las prendas solo elegíamos una. Aquella resistente al paso del tiempo, pensada para días de sol y, también más nublados.
Terminábamos en colas sin fin que no eran sino principios de historias nuevas que contar.

Lo cierto es que nunca conocimos de final nosotras, solo de inicios. Ahora por ejemplo que no estás conmigo, no se trata de un adiós, sino el principio de unas vacaciones separadas. Como cuando éramos pequeñas y pasábamos los meses de verano en playas diferentes. Ahora no son nuestros padres quienes nos arrastran a esas aguas, pero sí otra fuerza que ahoga más deprisa, la necesidad.

PD: Mantente a flote como puedas. Agárrate con fuerza a lo que no se hunda. Las olas solas se van.
Sé que pronto volveremos a reír juntas. Mi risa ya te espera.

Bea C.

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lunes, 21 de septiembre de 2015
Carta nº4

Querida N:

Tengo tantas cosas que contarte, que seguramente olvide todas y termine hablándote de nada.

Recuerdo eso sí, la victoria de ayer del equipo español en la final del Europeo de baloncesto. Mi piel aún continúa erizada. La emoción se ha instalado en mi pecho, y esta me hace tiritar. Curioso papel el que juegan los sentimientos, cuando todo lo hacen sin entender de reglas. A modo de interruptor encienden o apagan. Enfrían o queman.

Yo hoy me siento viva (a pesar del frío ha salido el sol). Hay momentos que deberían ser vividos varias veces. Supongo que por ello se inventó la memoria. Y se transformó en recuerdos.

Imagino que por allí también habrás escuchado la gran noticia, aunque no la hayas podido compartir con ningún compatriota. O quizás sí. De lo que sí estoy segura es de lo mucho que gritarías al conocerla. Y aplaudirías. Y llorarías, entusiasmada. Yo escuchaba el eco, y lo reproducía.

Hoy la gente sonríe al ver las noticias, y qué bonito es eso. Quizás sea la única sonrisa que nos regale el día, pero qué sonrisa más grande. Costarán muchas noticias hacerla desaparecer.
España ha vuelto a brillar con fuerza, y yo no puedo aplaudir más fuerte. No lo hago por la victoria, lo hago por ellos. Y por todos los españoles que siguen encendiendo España, a base de entrega, y amor. Actúan allí donde muchos hablan por nada. Y sin promesas previas, cumplen los deseos de todos. El deporte siempre dando lecciones. Aunque siempre escuchemos los mismos. Y los ignorantes de siempre se nieguen a oír.

Ahora abre bien los oídos, o los ojos; lo que tengas más a mano. Esto te interesa especialmente. Durante las últimas semanas he comprendido que la vida es un partido de baloncesto. Muchos te querrán cuando ganes, y muy pocos cuando no logres encestar. Te quiero a ti porque estuviste conmigo desde el principio, aun cuando observaba el partido desde fuera. Y yo siempre estaré a tu lado, más ahora, que juegas en campo contrario.
Cuando se cree solo en aquello que gana, no se merece compartir la victoria. Cuando uno se implica desde el principio, tiene asegurado el viaje. Y no hay mayor recompensa que esa, la de acompañar a quien de verdad nos importa en su camino.  Y cuánto hemos viajado juntas. A menudo sin movernos del sitio.

PD: Gracias por creer en mí cuando nadie más lo hacía. Siempre serás mi equipaje favorito, encestes o no. 

Bea C.

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viernes, 18 de septiembre de 2015
Carta nº3

Querida N:

Parece que lo único que hago últimamente es decir adiós. No hace mucho leí que "la vida es aprender a despedirse" (Risto Mejide) y es ahora cuando comienzo a comprenderlo.
El ser humano es así de incrédulo con el lenguaje; no solemos valorarlo hasta que se convierte en hechos que nos atañen. Pero a quién podemos culpar cuando ha sido el propio ser humano quién nos ha hecho desconfiar de él.
El poder de la palabra es tan grande que ha quedado obsoleto allí donde se ha vendido por nada. Solo una mentira basta para hacernos desconfiar. Y hace mucho que esta vive instalada en el corazón de España.
Por eso cerramos los ojos a las palabras y no escuchamos aquello que nos muestran. Aprendimos a confiar solo en cuanto viven nuestras manos. Es el precio justo a pagar por querer jugar con fuego sin querer quemarnos. 

Pero no somos únicos en este asunto. Entre los animales también hay engaños, no te voy a mentir. El camaleón se oculta a sí mismo del entorno que le rodea; es capaz de mostrar distintos trajes de color según las circunstancias. Imagino que has oído hablar de ellos, y qué difícil resulta conocer la verdad que nos cuentan.

Como comencé escribiendo... ( pido perdón, me he vuelto a ir por las ramas y esta vez me he enredado), últimamente digo mucho adiós. El mismo sol se ha ido alejando poco a poco; los días se han vuelto grises y aún más negras las largas noches. Justo antes de escribirte, en la ducha he comprobado cómo el moreno de mis piernas empieza también a desaparecer.

Últimamente todo parece perder color. Aunque muy adentro mantenga su brillo. Cuánto cuesta pintarnos de luz, para lo barato que cuesta su marcha.

PD: No me importaría tornarme en camaleón para soportar este invierno. Elegiría ser color verde. Verde esperanza. Esperanza de verte otra vez.

Bea C.

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jueves, 17 de septiembre de 2015
Carta nº2

Querida N:

Ignoro en qué punto exacto te encuentras ahora y sin embargo tengo la extraña - y agradable - sensación de que todo te marcha bien. Cierto que soy una persona optimista, pero también soy desconfiada a partes iguales, ya me conoces. No veo el momento de recibir respuesta tuya para quedarme más tranquila. Porque inquieta sabes que también lo soy. Y mucho.

Imagino que apenas tendrás tiempo para descansar, pero ojala leas mis palabras con la misma ilusión con que te las escribo. Lo cierto es que escribiendo me siento muy cerca de ti. Por un momento creo tenerte enfrente regañándome por no callar, por enlazar una historia con otra sin importar el hilo que las una. Luego guardo la carta en el sobre y esa sensación se desvanece. El hilo se ha roto. Y yo me he callado. Entonces, sin hacer ruido, regresa el silencio.

He de contarte que tú no eres la única que anda perdida. Mi cabeza últimamente también parece estarlo. Tengo despistes continuamente, y lo que no son despistes pero que también implica falta de concentración. En los últimos días he perdido desde paquetes de pañuelos, a billetes de autobús. ¡Incluso una bolsa con algo de ropa que acababa de comprar!
Esto no sería algo tan extraño de no ser por lo muy cuidadosa que he sido siempre con estas cosas. En 21 años no he perdido nada más allá de la lotería, y algún tren que no se decidió a esperar.

A veces me pregunto qué me está pasando. Quizás me han pasado factura las vacaciones de verano y yo no he tenido con qué pagarlas.
Otras veces, la mayor parte de ellas, creo conocer la respuesta.

Quizás es que al perder aquello que más valoramos, perder el resto no nos parece tan importante.

Bea C.

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miércoles, 16 de septiembre de 2015
Carta nº1

Querida N:

He de confesarte algo. No hace tanto que te fuiste, y siento que llevo toda una vida ya sin ti. Mis brazos echan de menos tus brazos. Claro que han tenido abrigos nuevos desde entonces, pero parece que en estos casos la novedad cansa más que la tradición.
Cuando estabas aquí conmigo, daba abrazos siempre que te veía porque eso implicaba recibir yo también. No sabes cuánto los necesitaba. A veces incluso sorprendías a mis mejillas depositando un beso sobre ellas. Y sé que lo hacías más por mí que por ti. Sabías cuánto disfrutaba de esos mimos fortuitos. Ahora descubro que sorpresa y rutina viniendo de alguien, parecen la misma cosa cuando ambas desaparecen.

Comprendo los motivos que te llevaron a emprender este viaje. Ese que te acercará a tantas personas mientras te aleja de tantas otras. Y no te confudas, querida N, quiero que vueles tan alto como nadie, y llegues tan lejos como tus sueños lo reclamen. Solo te pido que no olvides. Quién fuiste, y quién te quiere. Porque eres quien eres por quien bien te ha querido. Y no deseo que estés perdida allá tan lejos.

Por mí no te preocupes. A todo se acostumbra el hombre, y yo he aprendido a abrazar el frío. Así el invierno me calienta entre sus fauces.

P.D: Hoy soy yo quien besa tus mejillas por sorpresa. (Son besos de elefante).
El rubor que veo en ellas confirman que los has recibido.

Bea C.

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