|
Cartas para N.
Que nunca falte quien te escriba. Y siempre haya alguien que te lea.
Letras de papel para ella,
mi querida N.
Remitente
  cartasparan@gmail.com
Destinatarios
Copyright
|
sábado, 24 de octubre de 2015
Carta nº11
Querida N: Sé que no me olvidas como yo tampoco puedo olvidarte. Pero temo que ya no oigas mi voz cuando lees estas cartas. Te dejo unas líneas para que me encuentres en ellas: Soy como lo son las noches en vela. Así de compleja. Soy de esas personas que aman aunque no quieran, y se encaprichan de cualquier sonrisa que le haga cosquillas por dentro. Alguien que también soñaba con convertirse en princesa, pero que ahora se prefiere sintiéndose humana. Soy de las pocas que miran la aguja cuando le extraen sangre, y vive cada instante con el corazón a mil por hora; que le tiemblan las manos cuando le faltan las fuerzas, y se rinde a los hombros de quien le ofrezca su espalda. Soy de las que hacen de la noche su mejor escondite, y comentan en bajito las cosas importantes. Alguien que se pone nerviosa cuando hablan de ella, y se sonroja tímidamente por cualquier cumplido que oiga; que busca a quien observe con el corazón y no juzgue, y sepa que un abrazo consuela más que dos besos. Viste con camisas hasta la cintura, y prefiere el pitillo al vaquero de campana. Siempre la verás corriendo a todas partes, para no llegar pronto a nada. En sus ratos libres ríe tanto como llora, y entabla mil batallas que solo rinde por amor. Soy de las que se entrega a las noches de verano sin estar borracha, y que solo se acuesta con sueños que no desean tocarla. Cuenta en kilómetros los pasos que aún no ha dado, y rehuye de todo espejo que no la refleje como es. Confunde lunes con martes, y los viernes con sábados. Reserva los domingos a la soledad de sus libros, y al calor de una manta, y desea tanto al sol por su ventana como al gris de sus cortinas. Soy alguien que observa la vida con la ilusión de un niño, y muere lentamente en cada infinito que no le regalan. Alguien que esconde bajo la almohada sus mejores sueños, y espera impaciente a poder recoger su premio. Soy mujer de nadie, pero amante de todo lo que el amor construye. Soy la vela que me mantiene despierta, y quiere soplar para pedir un deseo.
Bea C.
  Responder
sábado, 17 de octubre de 2015
Carta nº10
Querida N: No sé si te habrás fijado alguna vez, pero el sentido de la vida puede leerse en cualquier esquina. En la tienda de comestibles, en la piscina municipal, o bien en el taller de mecánica. Cualquier punto es bueno para ser convertido en coma. Cada uno de nosotros somos un escaparate esperando a que alguien se decida a entrar. Y una vez dentro es cuando regateamos el precio. ¿Merece la pena, o cuesta más de lo que va a hacerme ganar? Vivimos para encontrar nuestro sitio. No hay más. Buscamos mostrar quienes somos con todo aquel que nos deje ser. Cuando damos un abrazo no hacemos más que abrazarnos a nosotros mismos; con tanta fuerza como sea necesaria para no doblarnos; con tanto cariño como prescindamos para no perdernos. Solo necesitamos a quien nos recuerde cómo recuperar la firmeza, el día que puedan más nuestros miedos, que las ganas. Decimos no querer a algunas personas. En realidad solo odiamos a quienes somos cuando estamos con ellas. Hay versiones nuestras que no merecen ser recicladas. Por cada persona que saca lo peor de nosotros, ojala contrarrestar sacando lo mejor que tenemos. Nos encontramos cuando nos reflejamos en cuerpos ajenos. Eso pienso. Así por muy tarde que lleguemos a todo, ellos siempre guardarán nuestro sitio a su lado. Creo en toda amistad que solo se enfrente ante retos; luchas que no destruyen merecen ser combatidas todas. Solo así es posible crecer. A nosotras siempre nos gustaron los retos difíciles. Quizás por eso ahora nos encontremos tan separadas, aunque nunca alejadas la una de la otra. Con lo maniática que soy para todo, disfruto de mi desorden organizado en temas de azar. Suerte es dejar que la vida te sorprenda cuando te encuentras desnuda. Por ejemplo ese día que llamaste a mi puerta y yo no dudé en dejarte pasar. Desde entonces somos una en cualquier lugar del planeta. Aunque no puedas verme estoy allí contigo. Aunque no pueda verte estás aquí conmigo. Uña y carne no pueden separarse. Y nosotras estamos unidas por las dos manos. Te confiaré un secreto, pero no se lo cuentes a nadie: Me encanta la gente que sabe hacer magia, sin trucos. Y esa magia de hacernos brillar, es mi favorita.
Bea C.
  Responder
viernes, 16 de octubre de 2015
Carta nº9
Querida N: Recibes mis cartas de semana en semana aunque todos los días me acuerde de ti. La universidad apenas me deja tiempo para mí, más allá del que paso entre libros. Y sabes que me encanta leer, pero siempre que yo haya elegido las páginas. Te lo digo en confianza, pero desearía abrir mi ventana al mundo, y convertirme en su lectura favorita por una vez. Porque me paso los días leyendo entre miradas, sin que nadie sepa interpretar las mías. Estudio para llegar el día de mañana a ser quien quiero. El problema es que he olvidado quién quiero ser el día de hoy. Deseo ser alguien que me haga feliz. Y aunque puede que pida mucho, tampoco me conformo con menos. Y ya ni recuerdo cómo hacerme reír. Los estudios deben ser lo primero, pero y qué si te pierdes en promesas de ese futuro. Soy chica de letras porque soy de cuanto veo y siento. Y el mañana no puedo tocarlo. Pero sí está en mis manos no renunciar al ahora. Últimamente vivo en un silencio monótono, para dormir, para estudiar, para... Pero por mucho que grite que pare, la vida sigue sin escucharme. Solo me ofrece silencios cuando es ruido lo que necesito para bailar sin oír sus golpes. Toda vida precisa de música que la haga vibrar. Todavía sigo esperando escucharla.
Bea C.
  Responder
viernes, 9 de octubre de 2015
Carta nº8
Querida N:
Nos detenemos tanto a narrar lo malo que apenas tenemos tiempo para contar lo bueno. Y qué triste es esto.
Olvidamos también recordar cuánto queremos a quien de verdad nos importa. Y de hacerlo siempre será insuficiente. Algunos excesos no son tan malos, digan lo que digan.
Por eso hoy te lo quiero decir de nuevo, porque aunque ya no cuentes las veces, siguen importando como el primer día. Te quiero, amiga. Mi bastón y mi escudo, esa eres tú. Hoy lo grito al cielo, para que allí donde estés lo escuches. Si lo piensas bien, seguimos bajo el mismo techo.
Eras mis sorpresa diaria. Recuerdo cada globo que decoraba mis fiestas de cumpleaños, y cuánto odiabas tener que inflarlos. Pero yo disfrutaba como una chiquilla convirtiéndose en mariposa. Cuántos momentos me regalaste. Y cuánto disfrutaba desenvolviendo.
Mi felicidad era la tuya, y la tuya era la mía. Porque nosotras éramos para la otra. Y amistades como la nuestra no han de conocer final, porque nunca tuvieron principio. Haz memoria: ¿desde cuándo nos conocemos? Desde siempre. Y siempre es la palabra que mejor nos define, siempre.
Esta semana me he sentido como uno de esos globos de fiesta, pero sin tener cerca tus brazos para hacerme volar. Síntomas: presión acumulada, y falta de oxígeno. Aunque me diagnosticaron carencia de todo, y ausencia de mucho.
Te escribo para informarte de que por fin he explotado. Al fin hoy respiro. Las peores prisiones no son de cemento.
PD: Espero ansiosa a que me sorprendas de nuevo. No imagino mayor sorpresa que tenerte de vuelta.
Bea C.
  Responder
domingo, 4 de octubre de 2015
Carta nº7
Querida N: Me acabo de levantar y las 12:00 me parece una hora perfecta para escribirte. Aunque todas lo sean. Hoy las sábanas me atraparon más que de costumbre. Sucede que mi cama no entiende de amaneceres. Y el tiempo en ella pasa a deshora. Mis vecinos están de reforma en casa. Me recuerdan que yo también tendría que hacerla. De arriba a abajo. O de abajo a arriba. Toda entera. Y varias veces. Hasta quedarme como nueva. Quiero dejar atrás el pasado, y abrir nuevas puertas. Escuché que han contratado mano de obra barata. Barato es pagar en sonrisas, y casi nunca lo hacemos. Pero cuánto hacemos que no deberíamos. Y así estamos ahora, con la vida tras nosotros cobrándonos la existencia. Vivir suena tan bien, que apenas cantamos para no estropearla. Y tan apenas lo hacemos todo, que no disfrutamos de nada. Y solo contamos las penas. Ay de la vida si en lugar de buscarla, la hiciéramos. Hacer la vida, como hacer el amor. Con placer. Siendo fiel a nuestros deseos. Imagina por un momento: Una carretera y un coche. Nosotras frente al volante. Crear confusión a las señales. Confundir los colores: pasar en rojo. Subir la radio. Bajar la ventanilla: música en los pulmones. Mirar sin perspectiva. Pisar las rayas en blanco. Huir de lo oscuro a todo gas. Una vida sin puntos, ni comas. Una frase sin peros... pero no. Quisimos ser carne de acentos, en una canción sin letra. "Imagina; pero no hagas"; así se llama. Me pregunto por qué algunos días no nos permitimos sentir ilusión por nada. Como si ilusionarnos fuera un premio que solo merecemos ganar a veces. Como si fuera más opción que deber. Curioso papel el del ser humano. Decimos no temer a la oscuridad, pero seguimos encendiendo la luz para alejar los monstruos. Y sonreímos al comprobar que no hay ninguno. Y no sé qué es peor de todo eso; creer ver estando ciegos, o descubrir que estamos solos. La vida ofreciendo segundos, y nosotros contando en años. PD: Contigo siempre sobraron pintores. Nunca se borró mi sonrisa. Y la ilusión tampoco.
Bea C.
  Responder
|