Cartas para N.
Que nunca falte quien te escriba. Y siempre haya alguien que te lea. Letras de papel para ella,

mi querida N.

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Bea C. 21 años. Pez en tierra. Pienso lo que escribo, y escribo lo que siento. Disfruto capturando momentos. Expreso sin voz para no quedarme sin ella. Abrazo continuamente sin motivo, y me ilusiono más de lo que debería.
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domingo, 4 de octubre de 2015
Carta nº7

Querida N:

Me acabo de levantar y las 12:00 me parece una hora perfecta para escribirte. Aunque todas lo sean. Hoy las sábanas me atraparon más que de costumbre. Sucede que mi cama no entiende de amaneceres. Y el tiempo en ella pasa a deshora.

Mis vecinos están de reforma en casa. Me recuerdan que yo también tendría que hacerla. De arriba a abajo. O de abajo a arriba. Toda entera. Y varias veces. Hasta quedarme como nueva. Quiero dejar atrás el pasado, y abrir nuevas puertas.

Escuché que han contratado mano de obra barata. Barato es pagar en sonrisas, y casi nunca lo hacemos. Pero cuánto hacemos que no deberíamos. Y así estamos ahora, con la vida tras nosotros cobrándonos la existencia.

Vivir suena tan bien, que apenas cantamos para no estropearla. Y tan apenas lo hacemos todo, que no disfrutamos de nada. Y solo contamos las penas.
Ay de la vida si en lugar de buscarla, la hiciéramos. Hacer la vida, como hacer el amor. Con placer. Siendo fiel a nuestros deseos.

Imagina por un momento: Una carretera y un coche. Nosotras frente al volante. Crear confusión a las señales. Confundir los colores: pasar en rojo. Subir la radio. Bajar la ventanilla: música en los pulmones. Mirar sin perspectiva. Pisar las rayas en blanco. Huir de lo oscuro a todo gas. Una vida sin puntos, ni comas. Una frase sin peros... pero no.
Quisimos ser carne de acentos,
en una canción sin letra.
"Imagina; pero no hagas"; así se llama.

Me pregunto por qué algunos días no nos permitimos sentir ilusión por nada. Como si ilusionarnos fuera un premio que solo merecemos ganar a veces. Como si fuera más opción que deber.

Curioso papel el del ser humano. Decimos no temer a la oscuridad, pero seguimos encendiendo la luz para alejar los monstruos. Y sonreímos al comprobar que no hay ninguno. Y no sé qué es peor de todo eso; creer ver estando ciegos, o descubrir que estamos solos.

La vida ofreciendo segundos, y nosotros contando en años.

PD: Contigo siempre sobraron pintores. Nunca se borró mi sonrisa. Y la ilusión tampoco.

Bea C.

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Gracias por tus palabras. Y por tu tiempo.
Me haces el mayor de los regalos.

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