Cartas para N.
Que nunca falte quien te escriba. Y siempre haya alguien que te lea. Letras de papel para ella,

mi querida N.

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Bea C. 21 años. Pez en tierra. Pienso lo que escribo, y escribo lo que siento. Disfruto capturando momentos. Expreso sin voz para no quedarme sin ella. Abrazo continuamente sin motivo, y me ilusiono más de lo que debería.
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domingo, 27 de septiembre de 2015
Carta nº6

Querida N:

Hoy me he propuesto ser yo quien sonría al día. Todo lo miro con optimismo, de cerca, y de lejos.

Y hablando de lejos, ¿sabes lo que he pensado? La distancia solo existe para quien no está dispuesto a acortarla. Ni entiende de metros cuando los suplen palabras. Quizás nunca hemos estado tan cerca. Ahora te tengo presente más que nunca. Y este presente es un regalo, que solo quiero compartir contigo.

Estás en cada acto cotidiano. Cuando como solo me pregunto cuándo lo harás tú, o dónde, o qué, o cómo. En el cine te observo en cada escena. Y cenamos juntas donde no nos conocen por separado.

Sé lo despistada que eres. Y por eso hoy te escribo con tanta prisa. Porque avisándote con tiempo ya solías olvidar los jerseys que te prestaba, y las copas que me debías. Te escribo para recordarte que lleves siempre contigo las cosas importantes. Sin sonrisa no abrirás muchas puertas.
Dicen que hay que saber ponerse serios. Pero hay lecciones que no merecen ser escuchadas. Te lo digo yo que estudio para maestra.

PD: Guarda en casa toda inseguridad. Y haz limpieza siete días por semana. 

Bea C.

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jueves, 24 de septiembre de 2015
Carta nº5

Querida N:

Estos últimos días me han traído viejos recuerdos y eso que prometí dar prioridad a todos los nuevos. Eso no significa que te olvide, jamás podría, pero así me siento menos sola. Compréndelo.

Llevo unos días recorriendo de punta a punta cada tienda del barrio. Busco de todo y a la vez de nada. Quiero un diciembre bien abrigada, y un enero sin resfriados. Ente invierno me he propuesto pasar calor, aunque deba ser con ropa nueva.

He descubierto que más que a ti echo de menos a ti conmigo. Esa es la parte que más me duele saber tan lejos. Toda ella se ha marchado contigo, y no sé cuándo obtendrá billete de vuelta.

En este tiempo he comprobado cómo son las cosas corrientes del pasado las que echamos más de menos al perderlas. Cuánto echo de menos, por ejemplo, ir juntas por las tiendas. Recorrer los pasillos aún más desordenados a nuestro paso. Sorprendernos por tan mal gusto de tanta prenda. Acompañar mi risa con la tuya al acabar en probadores. Probar nuestra timidez al compartir cortina. Mirarnos, reconocernos y ponernos a prueba. La confianza nos hizo perder la vergüenza. Aunque nunca nos hizo perder el cariño. De todas las prendas solo elegíamos una. Aquella resistente al paso del tiempo, pensada para días de sol y, también más nublados.
Terminábamos en colas sin fin que no eran sino principios de historias nuevas que contar.

Lo cierto es que nunca conocimos de final nosotras, solo de inicios. Ahora por ejemplo que no estás conmigo, no se trata de un adiós, sino el principio de unas vacaciones separadas. Como cuando éramos pequeñas y pasábamos los meses de verano en playas diferentes. Ahora no son nuestros padres quienes nos arrastran a esas aguas, pero sí otra fuerza que ahoga más deprisa, la necesidad.

PD: Mantente a flote como puedas. Agárrate con fuerza a lo que no se hunda. Las olas solas se van.
Sé que pronto volveremos a reír juntas. Mi risa ya te espera.

Bea C.

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lunes, 21 de septiembre de 2015
Carta nº4

Querida N:

Tengo tantas cosas que contarte, que seguramente olvide todas y termine hablándote de nada.

Recuerdo eso sí, la victoria de ayer del equipo español en la final del Europeo de baloncesto. Mi piel aún continúa erizada. La emoción se ha instalado en mi pecho, y esta me hace tiritar. Curioso papel el que juegan los sentimientos, cuando todo lo hacen sin entender de reglas. A modo de interruptor encienden o apagan. Enfrían o queman.

Yo hoy me siento viva (a pesar del frío ha salido el sol). Hay momentos que deberían ser vividos varias veces. Supongo que por ello se inventó la memoria. Y se transformó en recuerdos.

Imagino que por allí también habrás escuchado la gran noticia, aunque no la hayas podido compartir con ningún compatriota. O quizás sí. De lo que sí estoy segura es de lo mucho que gritarías al conocerla. Y aplaudirías. Y llorarías, entusiasmada. Yo escuchaba el eco, y lo reproducía.

Hoy la gente sonríe al ver las noticias, y qué bonito es eso. Quizás sea la única sonrisa que nos regale el día, pero qué sonrisa más grande. Costarán muchas noticias hacerla desaparecer.
España ha vuelto a brillar con fuerza, y yo no puedo aplaudir más fuerte. No lo hago por la victoria, lo hago por ellos. Y por todos los españoles que siguen encendiendo España, a base de entrega, y amor. Actúan allí donde muchos hablan por nada. Y sin promesas previas, cumplen los deseos de todos. El deporte siempre dando lecciones. Aunque siempre escuchemos los mismos. Y los ignorantes de siempre se nieguen a oír.

Ahora abre bien los oídos, o los ojos; lo que tengas más a mano. Esto te interesa especialmente. Durante las últimas semanas he comprendido que la vida es un partido de baloncesto. Muchos te querrán cuando ganes, y muy pocos cuando no logres encestar. Te quiero a ti porque estuviste conmigo desde el principio, aun cuando observaba el partido desde fuera. Y yo siempre estaré a tu lado, más ahora, que juegas en campo contrario.
Cuando se cree solo en aquello que gana, no se merece compartir la victoria. Cuando uno se implica desde el principio, tiene asegurado el viaje. Y no hay mayor recompensa que esa, la de acompañar a quien de verdad nos importa en su camino.  Y cuánto hemos viajado juntas. A menudo sin movernos del sitio.

PD: Gracias por creer en mí cuando nadie más lo hacía. Siempre serás mi equipaje favorito, encestes o no. 

Bea C.

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viernes, 18 de septiembre de 2015
Carta nº3

Querida N:

Parece que lo único que hago últimamente es decir adiós. No hace mucho leí que "la vida es aprender a despedirse" (Risto Mejide) y es ahora cuando comienzo a comprenderlo.
El ser humano es así de incrédulo con el lenguaje; no solemos valorarlo hasta que se convierte en hechos que nos atañen. Pero a quién podemos culpar cuando ha sido el propio ser humano quién nos ha hecho desconfiar de él.
El poder de la palabra es tan grande que ha quedado obsoleto allí donde se ha vendido por nada. Solo una mentira basta para hacernos desconfiar. Y hace mucho que esta vive instalada en el corazón de España.
Por eso cerramos los ojos a las palabras y no escuchamos aquello que nos muestran. Aprendimos a confiar solo en cuanto viven nuestras manos. Es el precio justo a pagar por querer jugar con fuego sin querer quemarnos. 

Pero no somos únicos en este asunto. Entre los animales también hay engaños, no te voy a mentir. El camaleón se oculta a sí mismo del entorno que le rodea; es capaz de mostrar distintos trajes de color según las circunstancias. Imagino que has oído hablar de ellos, y qué difícil resulta conocer la verdad que nos cuentan.

Como comencé escribiendo... ( pido perdón, me he vuelto a ir por las ramas y esta vez me he enredado), últimamente digo mucho adiós. El mismo sol se ha ido alejando poco a poco; los días se han vuelto grises y aún más negras las largas noches. Justo antes de escribirte, en la ducha he comprobado cómo el moreno de mis piernas empieza también a desaparecer.

Últimamente todo parece perder color. Aunque muy adentro mantenga su brillo. Cuánto cuesta pintarnos de luz, para lo barato que cuesta su marcha.

PD: No me importaría tornarme en camaleón para soportar este invierno. Elegiría ser color verde. Verde esperanza. Esperanza de verte otra vez.

Bea C.

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