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Cartas para N.
Que nunca falte quien te escriba. Y siempre haya alguien que te lea.
Letras de papel para ella,
mi querida N.
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lunes, 30 de noviembre de 2015
Carta nº14
Querida N:
Te echo tanto de menos como echo de más al resto de voces que escucho a diario. Hay demasiada gente que habla por nada, y nos hacen sentir muy pequeños. No comprendo por qué mienten. O por qué prometen lo que no cumplen. ¿Es que ya han olvidado lo que es hablar, sintiendo? ¿O ya no tienen corazón que les haga sentir? Que el lenguaje no debería significar herida, y cada vez apretamos más fuerte. Presté mis brazos, y hasta la sonrisa a quien no sabía devolverla. Y ahora me siento una tonta. Una demasiado buena. O quizás solo una inconformista que siempre tacha más de lo que escribe. En realidad solo soy alguien que persigue lo inesperado, tropezándose con lo real. Hoy me echo de menos tanto como me necesito. Y tengo frío. Y tengo miedo. Y cuánto no tengo, porque no te tengo conmigo. Tu voz era paz. Esa paz que es siempre destino, por muy lejos que se encuentre. Un mundo deshonesto, sin cabida para los humanos.
Bea C.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Carta nº13
Querida N: Hay algo bueno en tenerte tan lejos, y es la sorpresa que me darás el día que te tenga muy cerca. Desde el primer instante en que nos vimos tuviste claro cómo sorprenderme. Parece que nacieras conociéndome, y tu primer regalo fue dejar que yo te conociera. Ahora me sorprendo queriéndote a kilómetros, lo que entonces te quería cuando solo existías en persona. Nunca pensé en convertirme en tu amiga, y por eso precisamente llegué a serlo. Con la experiencia he comprendido que las cosas importantes no se planifican, surgen sin más, y que de pensarlas en exceso terminan por romperse. Por eso no me detengo en los motivos. Por eso digo solo que te quiero, porque al final es lo único que importa, y es lo primero que debemos decir. Que la vida es una cometa de la que solo tirar cuando se enrede, y cada persona un sinfín de momentos esperando suceder. Y yo quiero suceder siempre a tu lado, para tirar de ti cuando te sientas cobarde. Y créeme, que si algún día volamos bajito, será para vernos más grandes. No me despido sin antes pedirte una cosa: asegúrate de sorprenderte cada mañana como sabías entonces hacer conmigo. Te necesito despierta para seguir conquistando sueños. (Te sugiero que hagas como yo, que soy de las que no saben cómo son, y tampoco desean descubrirlo. Así no hay día que no me sorprenda de mí misma). Y, por favor, jamás te pongas etiquetas: te defines como única porque prescindes de adjetivos.
Bea C.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Carta nº12
Querida N: Estarás de acuerdo en que pasamos los días corriendo de un lado a otro. Todo lo hacemos deprisa para no perdernos la vida. Y terminamos perdiéndonos a nosotros. Por eso te escribo hoy, porque es el día en que me reencuentro conmigo misma, y me doy una nueva oportunidad. Los domingos están hechos para respirar más profundo. Sin prisas. Tomando todo el oxígeno que podamos, y espirando a la velocidad de un tequiero. Si lo piensas bien, todo en la vida es cuestión de ritmo. Y vivimos sin conocer los compases. El frío hace que añore especialmente el café de tus manos. Las mías no lo preparan igual, aunque te escriben con todo el cariño que pueden. Los días parecen estar cediendo ante el viento, y caen con las hojas sin oponer resistencia. El calor se ha tornado en frío, y nos sonrojamos más que de costumbre. Ha llegado esa época en que caminamos sin levantar cabeza, con las manos ocultas en los bolsillos. Así perdemos tantas oportunidades. Mirar al frente no resulta tan fácil cuando ya no vestimos con gafas de sol. Los domingos son para los valientes. Para los que no temen desafiar a la soledad encontrándose consigo mismos. Para los que saben desconectar del mundo para poder comprenderlo mejor. Muchos saldrán a correr como un día cualquiera, pero la mayoría los pasamos soñando. Algunos pocos escribiendo, que en verdad es lo mismo. Yo los paso escribiendo sobre sueños que no sé redactar. Quizás por eso no se cumplan, porque no es fácil comprenderlos. Hoy te escribo con mejor letra, con la esperanza de que noviembre traiga nuevas respuestas.
PD: domingo, 1 de noviembre, y créeme que de lo único que tengo miedo, es de perder la ilusión por soñar.
Bea C.
sábado, 24 de octubre de 2015
Carta nº11
Querida N: Sé que no me olvidas como yo tampoco puedo olvidarte. Pero temo que ya no oigas mi voz cuando lees estas cartas. Te dejo unas líneas para que me encuentres en ellas: Soy como lo son las noches en vela. Así de compleja. Soy de esas personas que aman aunque no quieran, y se encaprichan de cualquier sonrisa que le haga cosquillas por dentro. Alguien que también soñaba con convertirse en princesa, pero que ahora se prefiere sintiéndose humana. Soy de las pocas que miran la aguja cuando le extraen sangre, y vive cada instante con el corazón a mil por hora; que le tiemblan las manos cuando le faltan las fuerzas, y se rinde a los hombros de quien le ofrezca su espalda. Soy de las que hacen de la noche su mejor escondite, y comentan en bajito las cosas importantes. Alguien que se pone nerviosa cuando hablan de ella, y se sonroja tímidamente por cualquier cumplido que oiga; que busca a quien observe con el corazón y no juzgue, y sepa que un abrazo consuela más que dos besos. Viste con camisas hasta la cintura, y prefiere el pitillo al vaquero de campana. Siempre la verás corriendo a todas partes, para no llegar pronto a nada. En sus ratos libres ríe tanto como llora, y entabla mil batallas que solo rinde por amor. Soy de las que se entrega a las noches de verano sin estar borracha, y que solo se acuesta con sueños que no desean tocarla. Cuenta en kilómetros los pasos que aún no ha dado, y rehuye de todo espejo que no la refleje como es. Confunde lunes con martes, y los viernes con sábados. Reserva los domingos a la soledad de sus libros, y al calor de una manta, y desea tanto al sol por su ventana como al gris de sus cortinas. Soy alguien que observa la vida con la ilusión de un niño, y muere lentamente en cada infinito que no le regalan. Alguien que esconde bajo la almohada sus mejores sueños, y espera impaciente a poder recoger su premio. Soy mujer de nadie, pero amante de todo lo que el amor construye. Soy la vela que me mantiene despierta, y quiere soplar para pedir un deseo.
Bea C.
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